viernes, 31 de enero de 2014

Reseñas Cineblog: La Vida es Bella, Reivindicando a Roberto Benigni como un ‘autor’


Filmoteca Regional, 4 y 8 de Febrero

La Vida es Bella” (Roberto Benigni, 1997)

Reivindicando a Roberto Benigni como un ‘autor’

Acusada por cierto sector del público de ser una cinta lacrimógena sin más, lo cierto es que La Vida es Bella” es la culminación, en forma de genial film de autor, de la carrera de Robert Benigni, el cual también ha sido sistemáticamente infravalorado por su condición de ‘payaso’. Benigni comenzó en los 70 como provocativo monologista (lo que refuerza cierta afinidad con Woody Allen) y tras algunos papeles secundarios en el cine para directores tan importantes como Bernardo Bertolucci (“La luna”, 1979), Costa-Gavras (“Una mujer singular”, 1979) o Marco Ferreri (“Chiedo asilo”, 1979), demostró sus aspiraciones dirigiendo, escribiendo y protagonizando el film episódico “Tu mi turbi” (1983), en el que desplegaba ya su humor de aspecto inofensivo pero altamente incisivo mezclado con cierta poesía visual y argumental. Al año siguiente unió fuerzas con Massimo Troisi (actor y guionista de culto, protagonista de “El cartero (y Pablo Neruda)”, 1994) para crear uno de los grandes éxitos del cine italiano menos exportable: “Non ci resta che piangere”, una farsa en la que dos profesores viajan al siglo XV, con cómicas consecuencias. Benigni se convirtió en una superestrella en Italia, pero el tenía otros planes para su carrera.

En 1986, Roberto Benigni, que prácticamente no hablaba inglés, cambió de tercio cuando se puso a las órdenes del director de cine independiente Jim Jarmusch (con el cual había hecho amistad en un pequeño festival de cine en el que ambos dieron la nota como miembros del jurado) para rodar “Bajo el peso de la ley”, film que confirmó el talento de Jarmusch y dio a conocer a Benigni a nivel internacional gracias a su divertido y tierno papel de un inmigrante italiano encarcelado junto a un proxeneta (John Lurie) y un disc jockey (Tom Waits). Benigni repetiría con Jarmusch (en el surrealista primer corto de la serie “Coffee and Cigarettes”) antes de volver a Italia a romper taquillas con “Soy el pequeño diablo” (1988), para la que contó con el veterano Walter Matthau. Esta fue la primera colaboración con el guionista Vincenzo Cerami, del que no se separaría hasta la actualidad.

Tras protagonizar el último film de Federico Fellini (“La voz de la luna”, 1990) y trabajar con Jim Jarmusch por tercera vez (en la imprescindible “Noche en la Tierra”, 1991); sus dos siguientes películas (“Johnny Palillo”, 1991, y “El Monstruo”, 1994) se colocaron entre las más taquilleras de la historia en Italia, aunque no consiguieron proyectar fuera del ‘país de la bota’ la popularidad de Benigni. La confusión de un tipo ‘normal y corriente’ con un gangster (en el caso de “Johnny Palillo”) y con un asesino en serie (en “El Monstruo”) daba pie a Benigni y Cerami para desplegar un prodigioso e ingenioso entrelazado de gags que se repiten y se complementan a lo largo del metraje provocando ya esa mezcla de humor grueso, sátira inteligente y sentimientos bienintencionados que harían de su siguiente film (“La vida es bella”, 1996) la culminación de una manera muy personal de hacer cine, cine de autor.

- Para quien quiera trasladarse a una época en la que aún había elegancia en la comedia.

- No pierdan el tiempo los fanáticos del ritmo endiablado del (buen) humor moderno.


Rubén Párraga Díaz - Cineblog.net