viernes, 24 de enero de 2014

Reseñas Cineblog: Ninotchka

Filmoteca Regional, 25 de Enero
 
“Ninotchka” (Ernst Lubitsch, 1939)

Con más de 30 largometrajes a sus espaldas, el director judío-alemán de origen ruso Ernst Lubitsch se trasladó en 1923 a EE.UU. apadrinado por la estrella de Hollywood Mary Pickford. Allí rodaría una serie de obras maestras de la llamada ‘comedia sofisticada’ en las que intercalaba sutilmente temas sociales o políticos al servicio de la trama cómica. Films como “Un ladrón en la alcoba” (1932), “El bazar de las sorpresas” (1940) o “Ser o no ser” (1942) forjaron un sello de estilo conocido como el ‘toque Lubitsch’ (sus elegantes argumentos cargados fina ironía y un gusto por ‘sugerir’ más que ‘mostrar’ que se hacía evidente en cuestiones de erotismo o crítica); el cual alcanzó su cumbre en “Ninotchka”, imprescindible comedia sobre el choque cultural y las ideologías que se ríe del comunismo y del capitalismo a la vez que nos regala una Greta Garbo como jamás la habíamos visto (la publicidad del film anunciaba que por fin ‘Greta ríe’, en referencia a los papeles de ‘mujer glaciar’ que normalmente interpretaba) y una trama repleta de ingeniosos gags y sarcásticas reflexiones. 

El gobierno ruso envía a Iranoff (Sig Ruman), Buljanoff (Sig Ruman) y Kopalski (Alexander Granach) para que vendan unas joyas en París, pero el gobierno francés las requisa y, a la espera de saber quien es el dueño legítimo, los emisarios rusos se instalan en un hotel y comienzan a ser tentados por el modo de vida consumista. Ninotchka (Greta Garbo) es una enviada especial que llega a París para arreglarlo todo y traer de vuelta a los tres impresentables, pero también cae en las garras de Occidente cuando, por ironías del destino, comienza a sentir algo por el conde Leon (Melvyn Douglas), el cual representa todo lo que un comunista tiene que odiar. 

Ernst Lubitsch, como supervisor de la Paramount, impulsó las carreras de jóvenes prometedores que venían de una turbulenta Europa al borde de la guerra. Así, Lubitsch ayudó a Otto Preminger en la dirección La Zarina (1945) y dio la oportunidad a Billy Wilder de demostrar que era un guionista excelente en “La octava mujer de barba azul” (1938) y en “Ninotchka”, la mejor colaboración Lubitsch-Wilder (el cual siempre se consideró un discípulo del maestro Lubitsch; siempre que se atascaba escribiendo un guión miraba un cuadro que tenía en el despacho que decía: ‘¿Cómo lo habría hecho Lubitsch?’).


- Para quien quiera trasladarse a una época en la que aún había elegancia en la comedia.

- No pierdan el tiempo los fanáticos del ritmo endiablado del (buen) humor moderno.
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