jueves, 16 de mayo de 2013

Reseña Cineblog: Jamón, Jamón


Filmoteca Regional, Sábado 18 de Mayo

“Jamón, Jamón” (Bigas Luna, 1992)

Muerto el perro se acabó la rabia; muerto Bigas Lunas se acabó esa sórdida, pasional, sensual y surrealista mirada a la España más prototípica, de la que es su máximo exponente (y el más rutilante éxito del director) “Jamón, Jamón”, con sus calzoncillos abultados, sus huevos de Toro Osborne, sus platos de olivas, sus bolsas de pan y sus duelos a jamonazos; todo en un generoso festín orgiástico de gastronomía ibérica y atletismo sexual.

El típico argumento de ‘chico-engaña-a-chica-por-dinero-y-luego-se-da-cuenta-de-que-la-quiere-de-verdad-justo-cuando-ella-descubre-todo-el-pastel’, se transforma en manos de Bigas Luna en una suerte de cuento de hadas con brujas de prostíbulo y príncipes pijos y mimados, cenicientas con pechos sabor a tortilla de patatas y caballeros de brillante armadura que quieren tomar la alternativa. Un musculoso novillero neandertal en moto (Javier Bardem) seducirá a la novia embarazada (Penélope Cruz) del hijo de una familia acaudalada (Jordi Mollá) por orden de la despiadada madre (Stefania Sandrelli), que busca eliminar a la atractiva ‘plebeya’ de la ecuación.

Tras rodar en inglés la metalingüística y conceptual cinta de terror “Angustia” (1987) y poner en imágenes la obra de Almudena Grandes en la irregular “Las edades de Lulú” (1990), Bigas Luna comenzó su exploración de las idiosincrasias mediterráneas, iniciando también su larga relación profesional con la guionista Cuca Canals, con esta obra redonda llena de grandes interpretaciones (un magnífico triángulo protagonista y grandes secundarios como Stefania Sandrelli, Anna Galiena o Juan Diego), momentos e imágenes inolvidables, y una atmósfera ‘casi-post-apocalíptica’ sostenida en el tiempo y en el espacio explicitada en esos yermos paisajes manchegos, de bares de carretera y llanuras polvorientas.

- Para cualquier seguidor del erotismo de calidad (y concepto) en todas sus variantes.

- No pierdan el tiempo los que tengan fobia crónica por la figura del ‘macho ibérico’.