“El cabo del terror” (J. Lee Thompson, 1962)
“El cabo del miedo” (Martin Scorsese, 1991)
Tras rodar un clásico del cine bélico de aventuras como “Los Cañones de Navarone” (1961), el a menudo infravalorado J. Lee Thompson se embarcó con este oscuro thriller psicológico en un proyecto más intimista. En “El cabo del terror” Thompson desplegó toda su cinefilia, creando un film profundamente inspirado en el maestro Hitchcock: el uso de los ángulos de cámara pronunciados para describir estados perturbados de conciencia, la siniestra música (de Bernard Herrmann, habitual del orondo director inglés), la opción del blanco y negro (como Hitchcock en “Psicosis”, 1960), primeros planos y la contenida violencia subliminal que desprende la historia. 30 años después, un director cinéfilo por excelencia, Martin Scorsese, volvió a abordar la historia dando otra vuelta de tuerca al homenaje cinéfilo e intensificando la carga sexual y violenta (adaptándola a unos nuevos tiempos más insensibilizados) con “El cabo del miedo”. Aunque el film de Scorsese no esté a la altura del original (¿qué remake lo está?), si que logró un icono del cine moderno con algunas secuencias sobresalientes y una atmósfera e intenciones que volvían a remitir a Hitchcock, esta vez vía J. Lee Thompson.
Max
Cady (Robert Mitchum en 1961 y un desatado Robert DeNiro a la altura del
original en 1991) es un expresidiario que ha pasado muchos años en la cárcel
por abusos a una menor. Cady ha estudiado su caso durante sus años entre rejas
y ha llegado a la conclusión de que su abogado, Sam Bowden (Gregory Peck y Nick
Nolte), no hizo todo lo que tenía que hacer para defenderlo. Por ello, Cady
comienza a acosar a Bowden y a su familia, pero de tal manera que la policía no
pueda hacer nada, sin infringir la ley explícitamente. Las amenazas de Cady se
van intensificando de tal manera que Bowden se ve obligado a acudir, primero a
la polícía, después a un detective privado y por último a unos matones que han
de darle una paliza. Pero su plan se vuelve contra el cuando Cady acusa a
Bowden de la paliza que le han dado.
Como
claustrofóbicos ejercicios de estilo, generosos en suspense y terror
psicológico, los films de Thompson y Scorsese se han hecho un hueco como films de
culto gracias, sobre todo, a unas interpretaciones estupendas, con los
durísimos Mitchum y DeNiro a la cabeza en contraposición a la honradez
(manchada con cierta amoralidad hipócrita) de Peck y Nolte como padres de
familia enfrentados a la impotencia de no poder defender a los suyos. El
plantel de secundarios es igualmente sobresaliente: en 1961 tenemos a Telly
Savallas (el televisivo “Kojak”) o a Martin Balsam; pero el remake de Scorsese,
con su juego de referencias, recupera a Peck, Mitchum y Balsam (en otros
papeles claro), además de las actuaciones de Jessica Lange, Juliette Lewis, Joe
Don Baker o Illeana Douglas.
- Para aficionados a jugar a las
diferencias entre original y remake.
- No pierdan el tiempo los que se
agobian con poca cosa.
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